Cuando hablamos de Relaciones espaciales, estamos hablando del espacio que existe entre el esquema corporal y lo que nos rodea, particularmente nos referimos a la clara distinción entre el espacio como percepción y el espacio como representación, esto quiere decir que el espacio no es sólo un lugar de desplazamiento, sino que es algo que está constituido en nuestros pensamientos, en el que se puede ir desarrollando experiencias y se van convirtiendo en representaciones simbólicas que de una u otra forma hace que el niño o niña vaya razonando.
¿Cómo llega el niño a la percepción del espacio?
En general lo hace mediante experiencias relacionadas con las exploraciones del medio en el que vive y en el que se relaciona. El niño se sitúa en el espacio y lo reconoce, este proceso es lento y se apoya inicialmente en ejercicios psicomotrices.
Para que el niño pueda tomar conciencia de sí mismo y del mundo que lo rodea, es necesario ayudarle a percibir las estructuras básicas fundamentales del espacio en que se mueve. Este proceso que es importante para el aprendizaje de las nociones y reconocimiento del espacio en los primeros años del niño, constituye una etapa previa de conocimiento.
Como educadoras debemos presentarle al niño en el inicio de su desarrollo, un medio lo más agradable posible que le proporcione gran numero de situaciones y ocasiones donde pueda moverse con libertad y ejercitar sus aprendizajes.


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